• Editorial

Cuando casi se pierde la esperanza, la familia queda.


Cuando llega a nuestra vida una crisis, una enfermedad, o una circunstancia repentina que lo cambia todo, cuando los gobiernos de cualquier nivel son insuficientes o están siendo rebasados por la realidad de una crisis sanitaria, económica, alimentaria, política, etc; cuando la ciencia no responde a las preguntas y el conocimiento colapsa.


Definitivamente la única institución que queda en pie y lista para afrontar la realidad que se vive, es la familia.


Afortunadamente en medio de las circunstancias que nos tocan vivir, de una cosa podemos estar seguros, la familia es y será lo único que quede cuando todo lo demás desaparezca y aunque pareciera una especie en peligro de extinción esta pandemia nos ha enseñado que urge poner atención a los nuestros, que urge exigir, diseñar y poner en marcha verdaderas políticas públicas con perspectiva de familia; que la fortalezcan y la nutran pues no basta una despensa, internet gratis o dinero en el banco, eso no es suficiente ni lo es todo, cuando la salud merma o las emergencias vienen o las circunstancias nublan nuestra realidad.


Por esa razón en nuestro país urge la unidad y reconciliación nacional, pues ya no hay tiempo para una guerra de ‘fifis’ contra ‘chairos’ o de rojos contra azules o de izquierda contra la derecha, como nunca los tiempos nos exigen encontrar las coincidencias y poner manos a la obra tomando como punto de partida la realidad de cada hogar mexicano, si creíamos que esta crisis sanitaria era todo, esperemos a ver las grandes repercusiones económicas y la casi sentida recesión económica que viviremos en el mundo ya no digamos México, los retos que estamos por enfrentar solo podrán sortearse fortaleciendo las familias y depositando en cada una de ellas elementos que permitan dar como fruto un despertar de lo económico, social y familiar, este último indudablemente debe ser el motor fundamental de toda la estrategia pues de no serlo así serán solo paliativos y no soluciones de largo plazo y sustentables.


Otro de los grandes elementos casi descuidados o empolvados es el de los valores éticos, morales e incluso espirituales, que por más que se rehúsen algunos a darles vida en la esfera de lo público son una realidad y necesidad, pues lo que mueve a un ser humano a pensar en otro, no es una orden gubernamental sino el valor de la solidaridad o el amor; lo que mueve a una persona a tener fe o esperanza en medio de una crisis no es una conferencia de prensa sino esos valores espirituales como fuerza suprema, es muy grato para mi ver continuamente actos innumerables de solidaridad y entrega comunitaria, ver ejemplos de fe y la necesidad latente de esperanza y confianza espiritual que nace al reunirse personal médico a orar o rezar en un hospital.


Sin embargo, todas estas actividades requieren garantías, libertades y respeto a los derechos humanos de cada una de las personas que las ejerce; disculpen si pareciera que pase de la esfera de lo público a lo privado, pero justo esa es la reflexión, no solo es privado en tiempos de crisis como esta, son herramientas de lo público y urge promoverlas e integrarlas a las políticas públicas de ahora en adelante con mayor fuerza.


Por último, independientemente de la crítica a la esfera política por su pasividad y falta creatividad en las estrategias de atención a las familias más afectadas en esta emergencia sanitaria, hoy como nunca estamos en condiciones de tomar medidas por nosotros mismos, es decir trabajar en el núcleo, no de las familias, si no de nuestra familia, pues pudieran colapsar y ser insuficientes todos los sistemas e instituciones pero la familia queda, no importa cuál sea la realidad o el futuro de nuestro país es mas no importa si llegaran a aprobarse las más aberrantes leyes contra los niños, jóvenes o familia en nuestro país, si tenemos familias fuertes por ende tendremos ciudadanos de principios y valores éticos morales y espirituales lo que además de transformar nuestra realidad social, lograría que estas no tuvieran sentido ni cobran efecto y seguramente pronto llegaría una generación a las diferentes trincheras con valor para cambiarlas y modificarlas, es tiempo de reflexionar en esto, poner manos a la obra y luchar por nuestras familias.


Fe para creer en lo imposible y carácter para hacer lo que nos corresponde.


Que viva la vida y la familia.


Por: David Medina Rodríguez.

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