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  • Genaro García

La falsa laicidad del Estado Mexicano


A quien sea que se le pregunte en las calles de México, desde niños de tercero de primaria, hasta a los adultos que día con día se ganan su sustento y el de sus familias honradamente; si consideran que México es un Estado laico le responderán que sí. En efecto lo es, o al menos es lo que se estipula en el artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Sin embargo, la realidad dista mas allá de la aparente percepción general.

A través de los años, es claro que los asuntos del Estado tienen relación directa con la elite eclesiástica católica, quienes descaradamente han intervenido en asuntos relevantes para el p aís. Tal es el caso de las continuas declaraciones que cardenales y obispos profesan de manera pública y sin ningún tapujo durante los cultos religiosos que encabezan. O las deliberadas y publicas muestras de apoyo en las zonas urbanas y rurales hacia candidatos de elección popular. La gente lo sabe y las autoridades lo saben.

¿Qué es entonces lo que está sucediendo con la laicidad en México? ¿Será acaso una medida diplomática para con el Vaticano? ¿Cuál es la finalidad de quebrantar la constitución para concederle poder a un grupo especifico?

Fue el propio Presidente Juárez, al momento de expedir las Leyes de Reforma, que dejo ver la necesidad del gobierno civil de separarse de toda religión para proteger de esta manera la libertad de culto de sus ciudadanos, la laicidad del Estado.

Quizás nos cegamos en reconocer que a pesar de la diversidad de cultos, México, continua siendo un país meramente católico y es precisamente eso lo que atrae a la clase política. La facilidad de cautivar a su electorado con simples y sencillos gestos de devoción. Una manera simple de mantener el poder, a fin de cuentas.

Tengamos en cuenta que la iglesia católica y sus representantes en todo el mundo, no le deben lealtad a sus naciones, le deben lealtad al Papa y al Estado Vaticano. Con este punto claro, debemos cuestionarnos: ¿cuáles son los intereses del Estado Vaticano, en ayudar a los gobernantes a mantenerse en el poder? No es gratis, eso sí puede asegurarse.

En México, donde los intereses políticos a través del uso de la religión son muy altos, (¿o alguien recuerda alguna campaña política de cualquier candidato que no comience con la tradicional bendición por el representante eclesiástico en turno?) el uso de la religión da hasta para someter a los propios gobiernos a las banalidades propias de la iglesia. Por citar un ejemplo, la petición de la iglesia católica de modificar la imagen de la actual administración por que aduce en sus colores a una minoría mal vista por la elite eclesiástica.

Después de esto, no debe extrañarnos para nada los favores que también recibe la iglesia por parte de los gobernantes mexicanos, llámese diezmos, donaciones de terrenos, los cuales son valuados en millones de pesos, propiedad del erario de la nación y repartidos a manos llenas tal cual se tratase de un botín pactado entre bandidos.

Podemos decir que México, es un Estado moderno, el cual sus mismos ciudadanos le han arrastrado con su fanatismo desmedido a una época donde desde el Vaticano, se aprobaban a los futuros reyes y emperadores, en base a la aportación económica y política que estuvieran dispuestos a otorgarle a la iglesia.

Estas verdades conducen a la deducción lógica de que definitivamente no estamos viviendo en un Estado laico, y que además, la hegemonía de la iglesia católica sobre la de otras religiones esta deliberadamente marcada por quienes nos gobiernan.

Como ciudadanos responsables, debemos velar y exigir a nuestros gobernantes que se respete la laicidad del Estado, que se terminen los beneficios para el clero y que se les prohíba definitivamente su participación en asuntos del Estado. Que una religión no pueda influir en las decisiones que tomen nuestros gobernantes y sobre todo, que dejen de utilizar su influencia sobre sus creyentes para dotar de poder a quienes no lo merecen.

Solo así, podremos contar un Estado de Derecho que no atente contra las libertades y derechos civiles que nuestra constitución nos confiere. Un verdadero ESTADO LAICO.


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